José Salvany y Lleopart y la expedición filantrópica de la vacuna.

José Salvany y Lleopart y la expedición filantrópica de la vacuna.

En estos días de confinamientos y pandemias los españoles de a pie, entre los cuales me encuentro, estamos viendo y viviendo escenas que jamás hubiéramos soñado. Calles vacías, estanterías más vacías todavía, carreteras sin coches, fronteras cerradas y el ejército en las calles. Una situación que el presidente Macron no ha dudado en calificar de guerra.

Es una crisis global que ahora está azotando Europa con inusitada virulencia pero que no ha sido la única que se ha vivido en España ni posiblemente será la última. Habrán observado que la operación de despliegue por parte de las fuerzas armadas para paliar la crisis sanitaria recibe el nombre de “Operación Balmis”, en honor al médico de Carlos IV que en 1803 propuso, organizó y lideró una expedición pionera en la historia. La expedición filantrópica de la vacuna.

Cuando Balmis le propuso al rey financiar una expedición para vacunar contra la viruela en los territorios de ultramar, este no dudo en facilitar todo lo necesario para la expedición. Una de las causas, con toda probabilidad, fue el hecho que hacía poco tiempo su hija María Teresa había sucumbido a la viruela. La Infanta tenía solamente tres años y muy probablemente el rey supo valorar en primera persona la propuesta humanitaria de su médico.

El alicantino Francisco Javier de Balmis, además de ser médico del rey, era cirujano castrense y quiso contar como su segundo a un joven médico militar, el catalán José Salvany y Lleopart, nacido en Cervera en 1778.

Salvany era un excelente cirujano y un médico abnegado, pero de débil salud. Pese a todo, no dudo en aceptar la oferta de Balmis embarcándose en el puerto de La Coruña el 30 de noviembre de 1803.  Ya en la corbeta María Pita pusieron rumbo a las Américas con un grupo de monitoras y huérfanos mayoritariamente gallegos que hicieron de portadores de la vacuna.

Como subdirector de la expedición y con la intención de vacunar lo más rápido y masivamente posible, Salvany se separaba de Balmis en abril de 1804 con un grupo de niños expósitos. Mientras alicantino se dirigía a México con parte de la expedición, Salvany se encargaría de proseguir en la actual Colombia para así ir abarcando toda Sudamérica.

Ya en el continente sufrieron un naufragio que no impidió que se dirigieran a Cartagena de Indias para empezar su campaña de inoculación. Las jornadas de trabajo agotadoras, el clima y la débil salud del médico catalán fueron haciendo mella en él mientras proseguía incansablemente en su propósito de inmunizar el máximo posible de personas.

Desde 1805, cuando empezó a enfermar, hasta su muerte en Cochabamba el julio de 1810, nuestro héroe padeció de fiebres, tuberculosis con vómitos de sangre, difteria, malaria, perdió la visión de un ojo y la movilidad en una mano, pero aun así continuó vacunado hasta que dejó este mundo con sólo 34 años.

Este olvidado médico militar catalán (ni tan solo tiene una calle en su Cervera natal) quería haber llegado a Buenos Aires cuando la muerte le sobrevino en la actual Bolivia. No consiguió llegar a su destino, pero había recorrido 18.000 kilómetros, vacunado a centenares de miles de personas (197.004 sólo en el alto Perú) y estimulado la vacunación de un millón más salvando innumerables vidas.

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