LLUÍS COMPANYS, ¿MÁRTIR O CRIMINAL DE GUERRA? (III)

LLUÍS COMPANYS, ¿MÁRTIR O CRIMINAL DE GUERRA? (III)

 

  1. Traición a la República en Guerra.

Tanto el presidente de la República, Manuel Azaña, como el jefe de gobierno, Juan Negrín, expresarán su decepción por la actitud de la Generalitat y de Companys, que ejerció un auténtico sabotaje del esfuerzo de guerra republicano durante toda la contienda. Companys aprovecha la situación para usurpar competencias que no correspondían a la Generalitat según el Estatuto de 1932: control de aduanas, minas, cuerpo de carabineros y empresa nacional CAMPSA, así como la emisión de moneda y el ejercicio del derecho de indulto. Se publica un decreto al principio de la guerra en el que se establece que “sólo tendrán fuerza de obligar en territorio de Cataluña las disposiciones legales que sean publicadas en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña”; también se especifica que “en el Diario Oficial no se publicará ninguna disposición del Gobierno de la República sin orden expresa de esta presidencia”. Se creará una Consejería de Defensa y un Ejército Popular de Cataluña, así como una Junta de Comercio exterior y una diplomacia paralela encubierta. Todo ello supone un auténtico golpe contra la legalidad republicana, y está en la base del traslado del Gobierno de la República a Barcelona en octubre de 1937, justificando este paso por los enfrentamientos previos entre el PSUC y los anarquistas apoyados por el POUM (los famosos Fets de Maig). El objetivo principal es atar en corto a Companys.

Barricada anarquista en la Plaza San Jaime (Barcelona) en mayo de 1937

Azaña declarará que la Generalitat de Companys “ha vivido en franca rebelión e insubordinación, aprovechándose del levantamiento de julio y la confusión posterior”. Negrín denuncia “la traición de los separatistas de la Generalitat”, y subraya con vehemencia que “no estoy haciendo la guerra contra Franco para que nos retoñe en Barcelona un separatismo estúpido y pueblerino. De ninguna manera. Estoy haciendo la guerra por España y para España. Por su grandeza y para su grandeza. Se equivocan gravemente los que otra cosa supongan. No hay más que una nación: ¡España! No se puede consentir esta sorda y persistente campaña separatista, y tiene que ser cortada de raíz”. Llegará incluso a afirmar: “Antes de consentir campañas nacionalistas que nos lleven a desmembraciones, que de ningún modo admito, cedería el paso a Franco”.

La deslealtad sistemática de la Generalitat presidida por Companys a la República en guerra -con proyectos de secesión y paz separada para el territorio catalán- fue una de las causas determinantes de su derrota final. Y, desde luego, hizo descarrilar la estrategia de Negrín para resistir contra viento y marea hasta enlazar la guerra civil española con la inminente confrontación europea, hecho que habría proporcionado apoyos vitales al agonizante gobierno del Frente Popular. Exactamente 5 meses separan el final de la guerra española del inicio de la IIª Guerra Mundial. Por tanto, es indudable que la actitud de la Generalitat de Companys resultó letal para el bando republicano. Como también lo fue la del Partido Nacionalista Vasco, cuyo comportamiento favoreció la conquista por Franco de las provincias industriales que integraban el frente Norte (Vizcaya, Santander y Asturias), proporcionándole una ventaja estratégica decisiva. Lo cierto es que nacionalistas vascos y catalanes adquirieron una bien ganada fama de cobardes, egoístas y traidores en el bando republicano, como dejan entrever las palabras de Azaña y Negrín, hasta el punto de que el último ministro de la Gobernación de Negrín, Paulino Gómez, llegó a proponer encarcelar al Gobierno de la Generalitat al completo.

Negrín (a la izquierda) en Barcelona, octubre de 1938: “Antes de consentir campañas nacionalistas, cedería el paso a Franco”.

Algún historiador, como Stanley Payne, ha planteado el ejercicio contrafactual de considerar el probable curso de los acontecimientos si la República hubiera ganado la guerra finalmente contra el bando franquista. Y ha llegado a la conclusión de que el enorme poder y peso político adquiridos por el Partido Comunista de España -auténtico títere de Stalin, el único apoyo internacional real del bando frentepopulista- habría propiciado una rápida evolución hacia una república popular al estilo de las que se implantaron en la Europa del Este tras la IIª Guerra Mundial. A partir de ahí, si tomamos este modelo como referencia probable para España, nuestro país habría desembocado en breve plazo en un régimen comunista. Y dicho régimen no hubiera perdonado los actos de traición a la República en Guerra promovidos por Companys, a fin de cuentas un representante de la pequeña burguesía, al igual que su partido ERC, desde una perspectiva marxista. Con lo cual, muy probablemente, Companys habría terminado también ante un pelotón de fusilamiento. La implacable represión aplicada por los comunistas en la Europa del Este hace muy plausible esta reconstrucción virtual de los hechos en España. Además, el 16 de noviembre de 1938 -cuando la República se jugaba el ser o no ser en la batalla del Ebro- el diario La Vanguardia publicó en su portada, siguiendo las orientaciones del Gobierno de la República, una advertencia anónima muy clara a los manejos de Lluís Companys y diversos elementos de ERC: “Si hay algunos que no comprendiendo el entronque fatal del destino catalán al destino de la hispanidad sirven al espíritu de capitulación, noble es advertirles que están más cerca del piquete de ejecución que del éxito

http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1938/11/16/pagina-1/33122841/pdf.html .

 

Realidad y mito de Companys

La opinión del mundo político catalanista sobre Companys, antes de su ejecución, era nefasta. Así Josep Recasens i Mercadé, uno de los fundadores de la Unió Socialista de Catalunya, escribía en su diario desde la prisión: “Lluis Companys estava desacreditat completamente. Fora dels pocs incondicionales i dels còmplices en la seva obra funestíssima, tothom el tenia conceptuat com l´enemic número u de Catalunya, com el primer anarquista i com el primer bandarra de nostra terra, com un dels principals culpables del fet que Espanya hagi perdut la república i els catalans ho hagin perdut tot: l´autonomia, l´Estatut, la llibertat, la cultura i la vergonya”.

Sin embargo, el hecho de que Lluís Companys muriera ejecutado tras ser condenado en un juicio público -derecho del que no disfrutaron la mayoría de los miles de víctimas de la retaguardia catalana bajo su mandato- produjo enseguida una reelaboración mitologizante de su trayectoria histórica, presentándole desde sectores políticos catalanistas, de modo interesado, como un mártir por Cataluña y la democracia, en aplicación de la bella frase petrarquiana un bel morir tutta una vita onora.  Para ello se tuvo que pasar de puntillas sobre sus miserias, extravagancias, mezquindades personales y responsabilidad criminal:

   

Companys con el cónsul de la URSS en Barcelona, Vladimir Antónov-Ovséyenko

  1. Su afición por el juego (que estuvo a punto de costarle ser desheredado por su padre) y las prostitutas. Llamativo en un hombre que sustituyó a Macià en la presidencia de la Generalidad, pues el presidente fallecido en 1933 había hecho una denuncia alarmista, envuelta en el supremacismo antiespañol habitual en el catalanismo, de los males de la prostitución: “Y de los barrios bajos que hemos señalado –y al decir barrios bajos quiero decir España– son hijas todas las prostitutas de calle y de cabaret que envenenan la vida de nuestra juventud” (Inmundícies…, L’Estat Català, II/15, 15 de junio de 1923, p. 3) http://agonfilosofia.es/images/stories/PDFs/textoes.pdf

 

  1. Su irresponsabilidad en los estudios (tardó 18 años en terminar la carrera de Derecho).

 

  1. Su machismo impresentable. Tras meter mano en público a una periodista francesa en 1936, comentará: “Les dones no saps mai com reaccionaran. Si els toques el cul s’emprenyen i si no els el toques s’ofenen”. (E. Vila: Lluís Companys. La veritat no necesita màrtirs, pg 29).

 

  1. Su afición por sesiones espiritistas, en las que se invocaba a los espíritus del sindicalista Salvador Seguí y del abogado laboralista Francesc Layret.

 

  1. Su claro desequilibrio psicológico, como testimonian el diputado de ERC en la IIª República, Joan Solé Pla (“Companys en el fondo es un enfermo mental, un anormal excitable y con depresiones cíclicas”) o el comunista Miguel Serra Pamiés: “A Companys le daban ataques, se tiraba de los pelos, arrojaba cosas, se quitaba la chaqueta, rasgaba la corbata, se abría la camisa. Este comportamiento era típico”. Su histrionismo en los mítines y actos públicos, mala copia del estilo Mussolini, también es una muestra de ello.

 

  1. Su carácter intrigante y falto de escrúpulos morales o políticos. El escritor y diputado de ERC durante la IIª República, Joan Puig i Ferreter, se refirió a Companys como “intrigante y sobornador, con pequeños egoísmos de vanidoso y sin escrúpulos para ascender”. Tampoco conservó demasiadas reservas morales en lo que respecta al valor de la vida humana y la lealtad hacia sus aliados. Durante las jornadas de mayo de 1937 ordenó al coronel Felipe Díaz Sandino, jefe de la Aviación Republicana en Cataluña, que bombardeara todos los edificios barceloneses en poder de la CNT-FAI https://serhistorico.net/2021/06/25/companys-ordeno-el-bombardeo-de-barcelona/ . Sandino se negó a esta pretensión alegando que sólo estaba a las órdenes del Gobierno de la República. La historiografía catalanista siempre ha eludido este asunto.

             

El coronel Díaz Sandino en el centro de la imagen

 

Así mismo, estuvo involucrado -por activa o por pasiva- en la muerte de los hermanos Badía, pues Miquel Badía (alias capità collons) era el amante de la que sería su segunda esposa, Carme Ballester. También fue responsable de la muerte de Andreu Rebertés, a causa de su participación en el complot fallido, planificado por Estat Català en noviembre de 1936, para desalojar a la CNT del poder y asesinar al propio Companys (Ucelay da Cal, E. – González Vilalta, A.: Contra Companys, 1936: la frustración nacionalista ante la revolución).

El féretro de los hermanos Badía, a hombros de escamots de ERC con perfecta uniformidad paramilitar. La Vanguardia, 1 de mayo de 1936

 

Así mismo, es de destacar la, probablemente, última orden de Companys como presidente de la Generalidad, antes de abandonar Cataluña camino del exilio, a través de una llamada telefónica al jefe del destacamento de la CNT que custodiaba el castillo de Montjuich. Companys conminó al miliciano para que, ante la inminente entrada de las tropas franquistas en Barcelona, fusilase a todos los prisioneros fascistas que estaban bajo su custodia. El miliciano se negó a cumplir tan indecente orden y marchó a Francia con sus compañeros https://www.elcatalan.es/companys-y-los-juicios-de-nuremberg .

El siguiente paso en este proceso mitologizante fue exculpar a la persona de Companys, y al catalanismo político en general de paso, de cualquier responsabilidad en los hechos de la Guerra Civil, endilgando las chekas, los asesinatos de la retaguardia, los campos de concentración y la destrucción del patrimonio artístico exclusivamente a anarquistas incontrolados. Lo cual resultó relativamente sencillo debido a la escasa fuerza que el anarquismo tiene en el actual panorama sindical y político, al contrario de lo que sucedía en los años 30. Esto dificulta que los anarquistas de hoy puedan hacer llegar su versión de la Historia a la opinión pública.  Sin embargo, y a pesar de las dificultades, un historiador de simpatías anarquistas como Agustín Villamón ha podido revelar plausiblemente que la matanza del 9 de septiembre de 1936 en Puigcerdá fue fruto de la venganza de los nacionalistas de ERC, represaliados en octubre de 1934, y no de los anarquistas, como era creencia habitual; asimismo, la lista negra utilizada para seleccionar a las víctimas fue redactada por nacionalistas catalanes, no por anarquistas (A. Gascón y A. Guillamón: Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña 1936-1937).

Villamón es también el historiador que ha destapado la orden de Companys, en mayo de 1937, de bombardear todos los edificios controlados por los anarquistas. En su opinión, “las hagiografías de Companys y la mitología catalanista o independentista no quieren reconocer la existencia de estas órdenes de Companys para el bombardeo de Barcelona y se sigue ocultando o ignorando tal hecho, así como la documentación que lo sustenta. Los libros que publican tal información son ninguneados. Imploremos a los dioses su clemencia, para que nadie decrete una limpieza de archivos y la destrucción de papeles viejos y obsoletos, sobre todo si alguien los considera “antipatriotas”. Lamentablemente, los antecedentes en este sentido -por ejemplo, la manipulación descarada de documentos del Archivo de la Corona de Aragón https://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2015/09/21/56000616ca4741391d8b45ad.html -avalan absolutamente los temores de Agustín Villamón. Y dejan en evidencia la irresponsable cesión del Archivo de Salamanca por parte del gobierno de Zapatero, donde se custodiaba importantísima documentación de la Guerra Civil, a los nacionalistas catalanes; con la complicidad inaudita del Tribunal Constitucional, que avaló semejante expolio en una increíble Sentencia de 31 de enero de 2013.

Según la versión catalanista, impuesta acríticamente en los medios de comunicación y en los manuales escolares, Companys sería un hombre ingenuo, un pobrecillo no muy ducho en las luchas políticas, desbordado por los acontecimientos de la guerra, que no tuvo más remedio que pactar con los revolucionarios anarquistas y comunistas para salvar Cataluña, a la vez que intentaba proteger en lo posible tanto la vida de las personas como el patrimonio artístico, siendo ejecutado de modo injusto por Franco sólo porque encarnaba la realidad nacional de Cataluña. Su fusilamiento habría sido, en palabras del historiador catalanista Solé i Sabaté – primer director del sectario Museu d’Història de Catalunya, y que se sacó de la chistera la existencia de 121 presidentes de la Generalidad en un libro apadrinado por Pujol https://www.enciclopedia.cat/historia-de-la-generalitat-de-catalunya-i-dels-seus-presidents – nada menos que un crimen de Estado.

    

Cartel editado por la Associació Cívica d’Homenatge Nacional al President Lluís Companys (1977). Museu d’Història de Catalunya

La verdad es que sorprende que un político tan lelo, de creer a sus exculpadores, fuera capaz de permanecer como presidente de la Generalidad desde 1933 hasta el final de la Guerra Civil, sobreponiéndose una y otra vez a todos los terremotos políticos de esos años. Por el contrario, la realidad nos muestra a un intrigante que consiguió suceder a Francesc Macià en la presidencia de la Generalidad a pesar de su falta de pedigrí catalanista, ante el estupor de los militantes más veteranos. Y a partir de ahí, se agarró al poder como una lapa hasta el final. Consiguió la amnistía de su condena a 30 años por el golpe de 1934 y recuperó su cargo. Largo Caballero, al contrario que Companys, perdió la presidencia – en este caso del Gobierno de la República- en favor de Negrín a raíz de los hechos de mayo de 1937. Los anarquistas, junto con el POUM, son descabalgados de sus posiciones de poder ese mismo momento, y algunos acaban en las chekas. Pero a Companys no le pasará factura su complicidad, desde el comienzo de la Guerra Civil, con la CNT-FAI; pues sigue en el poder y continúa intrigando contra el nuevo Gobierno de la República, a pesar del traslado de éste a Barcelona para controlar la actuación desleal de la Generalidad. El pacto con la CNT-FAI, que tanto le habían echado en cara incluso desde círculos nacionalistas, se lo lleva el viento de la Historia definitivamente tras la caída en desgracia de los anarquistas. Estos y Companys habían intentado utilizarse mutuamente. Pero, finalmente, es Companys quien se lleva el gato al agua, después de que los murcianos de la CNT le hayan hecho buena parte del trabajo sucio. Decididamente, los hechos históricos no encajan con la imagen de un Companys tontito y débil, pero ni siquiera en este caso su responsabilidad histórica quedaría diluida.

El proceso mitologizador ha llegado a extremos verdaderamente delirantes, como la petición a la Iglesia Católica realizada en el año 2010 y tramitada por el anterior arzobispo de Barcelona, Martínez Sistach, para que inicie un proceso de beatificación del personaje https://sociedad.e-noticies.es/piden-la-beatificacion-de-lluis-companys-46349.html . Como si la pena de muerte pudiera cambiar los hechos históricos por ensalmo. Incluso parece haber comenzado la recolección de reliquias del futuro beato con la inestimable colaboración del Ayuntamiento socialista de Irún, que ha cedido recientemente un fragmento de la baranda del puente de hierro por donde accedió Companys a territorio español tras su detención en Francia https://www.elnacional.cat/es/politica/irun-cede-la-barandilla-baranda-del-puente-por-donde-la-gestapo-entrego-companeros-en-espana_640097_102.html

La Consejera de Justicia, Lourdes Ciuró, recibiendo el pasado 29 de agosto una reliquia de Lluís Companys

La mitologización de Companys entra así de lleno en el terreno del esperpento, con la muestra más acabada, hasta el momento, tanto de la absoluta falta de escrúpulos como del nulo sentido del ridículo del catalanismo, especialmente del clerical.

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Francisco Oya
Profesor de Historia en el IES Joan Boscà de Barcelona. Licenciado en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona. Diplomado en Teología por la Facultad de Teología de Cataluña. Diplomado en Filología por la Universidad de Barcelona. Presidente de la Asociación de Profesores por el Bilingüismo (APB), fundada en 1994, asociación pionera en la lucha por el derecho a la enseñanza en lengua materna y la oposición al adoctrinamiento en la escuela. Coordinador de Enseñanza del Sindicato de funcionarios CSIF en Barcelona.

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