LA CONQUISTA DE GRANADA POR LA CORONA CATALANO ARAGONESA Y OTROS MITOS (1482-1492)

Uno de los hechos más trascendentales de la historia de España, y probablemente de Europa, fue la toma de Granada el 2 de enero de 1492 por los Reyes Católicos. Dicho hecho puso fin al proceso, discontinuo pero constante, de la Reconquista, que tan profunda y ricamente marcó el devenir histórico de la Península, haciendo de la nuestra una historia cargada de singularidad en el contexto europeo. Es por ello comprensible que asistamos a un debate intenso en los últimos años acerca de cuestiones interpretativas o incluso semánticas relacionadas con este periodo, bastante desprovistas de interés histórico, aunque bien cargadas de peso ideológico y político.

La manipulación de la Historia es un arma bien conocida y utilizada con maestría por los regímenes tiránicos y despóticos de cualquier signo, debido a la sólida carga de autoridad que proporciona. El desprecio a la Historia por su dificultad y complejidad responde en la mayoría de los casos a un cierto miedo a su desconocimiento por la inferioridad intelectual en la que queda el ignorante frente al sabio. Y en el campo del totalitarismo intelectual, el nacionalismo catalán no ha quedado atrás, a través de organizaciones como el Institut Nova Historia, que busca de manera manifiesta la manipulación de esta disciplina para reforzar el discurso nacionalista a través de una apropiación sistemática de hechos y personajes.

Como en cualquier actividad, el error en la interpretación de la Historia es una posibilidad siempre presente, y cabe hacer una lectura inexacta de datos, disponer de información inadecuada o no disponer de los conocimientos necesarios. Y para ello existe el debate historiográfico, herramienta para el contraste y la corrección. Sin embargo, cuando la Historia se falsea de manera intencionada pasamos del error al fraude, hecho revestido de especial gravedad por sus consecuencias.

El día 26 de enero de 2020 aparece publicado un artículo en su sitio web titulado: “La conquista de Granada por la corona catalano-aragonesa (1482-1492). 2ª parte: el rey considera suya la conquista”, en el que se defienden dos ideas fundamentales: la primera, que la guerra y la consecuente toma de Granada fue obra protagonizada por Fernando el Católico, y más concretamente por el legendario reino de Cataluña; la segunda, que el papel del Reino de Aragón en la empresa ha sido ocultado de manera intencionada. El conjunto de inexactitudes, datos erróneos y manipulaciones proporciona un texto difícilmente sostenible, y al que es conveniente dar respuesta en defensa del decoro profesional del historiador. Y para ello, y sin ánimo de ser exhaustivos, vamos a hacer un somero análisis de las fuentes expuestas, la solidez lógica de los argumentos y vamos a proponer de manera fundamentada puntos de vista alternativos.

La autora, Montse Montesinos, continúa en éste un primer artículo titulado “La conquista de Granada por la corona catalano-aragonesa (1482-1492). 1ª parte: las cartas del rey”, que a su vez se apoya con firmeza en un artículo anterior, también firmado por ella, que se titula “La conquista de Granada según el ´Tratado de armo´ de Jaume Ramón Vila”1. Podría decirse que se trata de una trilogía a través de la que pretende demostrar que el rey Fernando hace suya la conquista. Y no es para menos, pues suya fue también, y no en vano desempeñó un papel activo tanto personalmente como mediante los medios disponibles que aporta para la campaña, procedentes principalmente de su propio bolsillo como afirma Enrique Martínez Ruiz en el artículo titulado “Los ejércitos en tiempos de Isabel I”2, donde dice que “también contaban los soberanos con las fuerzas de la Hermandad, de caballería e infantería, a las que el Rey Católico pensaba por entonces convertir en la base de su ejército permanente para no depender de las Cortes ni de la nobleza en sus compromisos militares”. La autora afirma en el párrafo introductorio de este último artículo que: “El historiador Jaume Ramon Vila defiende otra versión de la conquista de Granada y de Andalucía en general”. Se trata de un heraldista que murió en 1638 próximo a los 70 años de edad. En su citado “Tratado de armo”, recoge un enorme número de escudos de armas, entre los que se encuentra el del rey Fernando, que incorpora una granada en la punta, pues junto con su esposa Isabel incorpora el reino homónimo a la corona tras la conquista, en 1492. No es, por tanto, comprensible la sorpresa ante el descubrimiento de que el rey que “tanto monta monta tanto” junto a su esposa se considere rey de Granada a partes iguales. Esta sorpresa se diluye cuando se comprende que la política de los Reyes Católicos expresada a través de su lema mantiene la separación entre los reinos y la independencia de sus instituciones, pero hace a ambos soberanos en todos los reinos de España. Por ello, en el escudo del tratado de armo aparecen también los símbolos de Castilla y de León (junto al de Aragón y Sicilia), sin que la autora haga aspavientos, lo que fundamenta nuestro argumento.

A lo largo de los artículos a los que nos referimos aparece recurrentemente como argumento la idea de que la Historia ha ocultado de forma sistemática la participación del reino de Aragón en la campaña que condujo al final definitivo de la Reconquista. Y lo cierto es que, no sólo no lo ha ocultado, sino que no existe una obra de consulta en la que no se mencione explícitamente la participación del rey Fernando en la campaña. En el sistema feudal, la fuerza del señor depende de las aportaciones y servicios de sus vasallos, elemento diferencial de primer orden con respecto al posterior estado moderno, en el que finalmente el rey ejerce de manera efectiva su dominio en todo el reino. Por tanto, es impensable una actuación del rey católico como caballero andante y guerrero singular, antes bien irá necesariamente acompañado de sus huestes, aunque el grueso de la campaña recaiga en Castilla, como es bien sabido. Así, podemos poner como ejemplo obras de consulta fácilmente asequibles para cualquier estudiante universitario, como pueden ser el “Atlas Histórico de España” de Enrique Martínez Ruiz3  (págs. 133 a 135), el volumen titulado “Historia Moderna” de Domínguez Ortiz4 (págs. 63 a 65), o el de “Edad Media” de Ladero Quesada5 (págs. 920 a 922), éstos últimos de la colección de Historia Universal de Vicens Vives.

Julio Valdeón recoge en la introducción a la monografía dedicada a los Reyes Católicos de los Cuadernos de Historia 166 cómo el hispanista francés Pierre Vilar afirma que la unión matrimonial de los Reyes Católicos produce la unión de las coronas, y que “desde entonces sólo se utilizará en el extranjero la expresión rey de España”. Esta misma monografía recoge datos muy útiles para entender la naturaleza de la campaña granadina. Por ejemplo, que “el esfuerzo principal recayó en los grandes concejos de la Andalucía Bética, sin olvidar a los del reino de Murcia y, en segundo lugar, a las huestes nobiliarias”, lo que explicaría que los nombres aún presentes en buena parte del patrimonio granadino hagan referencia a casas nobles andaluzas de la talla del Conde de Tendilla, que recibiría el poder civil y militar en la plaza, a la par que fray Hernando de Talavera se convertía en arzobispo. El mismo autor afirma que el reino de Granada sería adscrito a Castilla por considerarse dentro del área natural de expansión de ésta. Y no sería de extrañar que, estando unidas ambas coronas, Fernando considerase suya esta conquista, como de hecho lo fue, como demuestra el ya citado escudo de armas.

En definitiva, el argumento victimista que defiende la autora mencionada no responde a la realidad, sino a una serie de consideraciones arbitrarias y opiniones carentes de soporte, ya que parten de la premisa de una Cataluña aislada del devenir del resto de España, lo cual no es en absoluto cierto. Es de agradecer su defensa involuntaria de esta colaboración inevitable e innegable. Una vez más, proporciona pruebas de su propio error en el análisis toponímico de la costa andaluza. En unos casos, el pretendido origen catalán es dudosamente aceptable: Isleta, Algarroba (de origen persa, hace referencia al fruto alargado el algarrobo), etc. Los topónimos que hace referencia a Rábita o Rábida, tienen su origen en las defensas costeras establecidas en época califal  frente a las incursiones vikingas, que llegaron a remontar el Guadalquivir, y que recibieron la denominación de “ribat”. Otras, como Castel de Ferro, sí podrían tener un origen catalán o paralelo a éste7. Sin embargo, es muy de agradecer la presencia de topónimos e incluso de apellidos catalanes (muy abundantes en la comarca de Guadix, como puedan ser Ubric o Rabaneda) en Andalucía, pues no son sino la muestra viva de que Cataluña, lejos de ser una realidad aislada, ha formado parte esencial del desarrollo histórico del conjunto de España.

Podemos concluir afirmando que los presupuestos contenidos en los tres artículos citados no son sino opiniones interesadas sobre documentos supuestamente sustraídos, y por tanto inexistentes, o utilizando elementos visuales como la heráldica o los relieves de la catedral de Toledo, que vienen a demostrar lo que ya es bien sabido: que Fernando el Católico, rey de Aragón, Conde de Barcelona, Rey de Valencia, de Mallorca y  de Sicilia, lo fue también de Granada, por conquista, y de Castilla, como consorte. Si el historiador acepta como verdad universal un punto de vista interesado, tan solo encontrará argumentos que validen su tesis, lo que no significa que sea acertada.

1 Montesinos, Montse: “La conquista de Granada según el Tratado de armo de Jaume Ramón Vila”. En: www.inh.cat. 05 de marzo de 2018.

2 Enrique Martínez Ruiz: “Los ejércitos en tiempos de Isabel I”, en http://www.cervantesvirtual.com

3 Martínez Ruiz, E. y Consuelo Maqueda: “Atlas Histórico de España I”. Istmo, Madrid, 2000.

4Domínguez Ortiz, A.: “Edad Moderna”. Historia Universal, Vicens Vives, Barcelona, 1996.

5Ladero Quesada, M.A.: “Edad Media”. Historia Universal, Vicens Vives, Barcelona, 1987.

6Valdeón, J.: “Los Reyes Católicos”. En Cuadernos de Historia 16, Madrid, 1995.

7Para profundizar en el tema: Malpica Cuello, A.: “Poblamiento y castillos en Granada”, Barcelona, 1996.

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