Artur Mas. El president “tse-tse”

En 1931 se puso en marcha una nueva Generalitat, que nada tenía que ver con la institución medieval

Artur Mas
Artur Mas en un miting

En su reciente viaje a Estados Unidos, Artur Mas quiso impresionar a los pocos periodistas americanos que le dedicaron alguna atención aduciendo que es el 129º presidente de la Generalitat. En la radio pública de Nueva York, no dudó a comparar esa llamativa cifra con el hecho de que Barack Obama es tan solo el 44º presidente americano. La cuestión de fondo que quería transmitir salta a la vista, ¿por qué un país con tantos presidentes no podría acceder a la independencia? Pocos días después, en su alocución ante los dirigentes de 36 países reunidos en la cumbre euromediterránea, subrayó su condición de centésimo vigésimo noveno presidente de una de las instituciones más antiguas de Europa. Nuevamente, el recurso a la historia como fuente de legitimación de la apuesta secesionista.

En la página oficial (gencat.cat/sacdocs/PRE/1609.pdf), se puede encontrar el listado de presidentes extraído de la obra dirigida por Josep M. Solé i Sabaté, ‘Historia de la Generalitat de Catalunya i dels seus presidents’ (2003) que se remonta nada menos que a 1359 cuando supuestamente fue nombrado el primer ‘president’. Ahora bien, si se lee con atención el texto que justifica dicha relación, se verá que para las épocas medieval y moderna no se habla de presidentes, sino del diputado eclesiástico de más preeminencia, que presidía los actos oficiales. En realidad, desde el primero en la lista, Berenguer de Cruïlles (1359), hasta el 121, Josep de Vilamala (1714), no fueron tratados nunca como presidentes, sino como diputados eclesiásticos de la Diputación del General. El historiador Òscar Uceda, con una tesis doctoral en marcha sobre la guerra de sucesión, ha puesto en evidencia que esa lista no es más que un nuevo invento de la tradición al servicio del discurso nacionalista. Sirva como ejemplo la muerte del 117º president, Francesc de Valls i Freixa, durante el asedioaustriacista de Barcelona de 1705, hábilmente ocultada en la celebración del Tricentenario por tratarse de un ‘botifler’. En la importante crónica de Francisco de Castellví, ‘Narraciones Históricas’, en ningún momento se habla del president Valls, sino del diputado eclesiástico.

Para empeorar las cosas, la lista publicada no corresponde a una enumeración rigurosa, sino a una selección arbitraria. Se excluyen a diputados que ejercieron ese supuesto cargo de presidente, como los diputados nombrados por Juan II (padre de Fernando el Católico) al encontrarse en guerra contra la nobleza. Pese a todo la Generalitat existía desde mediados del siglo XIV, y uno de los diputados eclesiásticos, normalmente el de mayor edad, tenía la distinción de ser el preeminente. Ahora bien, ¿era parecida a la actual en cuanto a sus funciones? La respuesta es no. La Diputación del General era una institución permanente compuesta por representantes de los brazos eclesiástico, militar (nobleza) y real (oligarquía ciudadana). Su función principal era la de recaudar impuestos destinados a las arcas reales en Catalunya y poco más. Una suerte de agencia tributaria encabezada por un religioso.

En 1931 se puso en marcha la nueva Generalitat, que nada tenía que ver con la institución medieval, sino que era muy parecida a una comunidad autónoma actual. La elección del nombre se debió unas circunstancias políticas muy concretas. Fue la solución que propuso el socialista Fernando de los Ríos, ministro de Justicia tras proclamarse la II República en abril, para convencer a Francesc Macià de reconvertir su república catalana en un autogobierno provisional hasta que las Cortes aprobasen la nueva Constitución y el Estatut.
Nuevamente, la elección de quien merece el rango de presidente no se ampara en criterios de elección directa o de ejercicio efectivo del gobierno, pues hasta 1980 solo hubo elecciones al Parlament en 1932, sino en apreciaciones políticas. En la lista aparece Josep Irla, presidente en el exilio desde 1940 a 1954, que evidentemente no llegó a gobernar, y es excluido el coronel Francisco Jiménez, presidente accidental de la Generalitat de octubre de 1934 a enero de 1935 tras el fallido alzamiento de Lluís Companys. En esa fecha, el Gobierno de la República sustituyó la figura del ‘president’ de la Generalitat, por el gobernador general de Catalunya que tenía atribuciones similares, pero bajo su control. Hasta febrero del 36 ocuparon el cargo nada menos que siete gobernadores. Vistos los laxos patrones que, como hemos visto, se han utilizado para fabricar la lista oficial, también habría argumentos para incorporarlos. De hacerlo así, y puestos a ser irreverentes, desde Macià hasta Montilla, Mas sería tan solo el presidente 16º. El setzè, en catalán. O, si me permiten la broma fonética, el ‘president’ tse-tse. Como la mosca del sueño. Porque nos duerme y aburre a todos con su proceso soberanista.

Por Joaquim Coll

Publicado en El Periódico de Catalunya el sábado, 25 de abril de 2015

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